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¿Cómo quitar el óxido de un cuchillo japonés?

No hace falta que sea un utensilio nipón, a cualquiera se nos puede oxidar cualquier cubierto. Sin embargo, estos, por su delicadeza, son más propensos a ello. Si no sabes cómo quitar el óxido de un cuchillo japonés quédate con nosotros porque te contamos, de manera rápida y sencilla, cómo  conseguirlo.

3 maneras de quitar el óxido de un cuchillo japonés

Ya se sabe que, como hemos dicho, estos son delicados, de manera que la mejor manera de que se mantengan en perfecto estado es previniendo el óxido con buenas prácticas a la hora de lavar el cuchillo. Pero si ya es demasiado tarde, no te pierdas los siguientes consejos profesionales y domésticos; ¡te van a ayudar a que tus navajas y espadas japonesas estén perfectas!

Borrador de óxido

En efecto, existe un útil específico para eliminar el óxido. Los hay de origen japonés, pensados específicamente para sus útiles de cocina. Se trata de una piedra delgada.

  • Simplemente la debes humedecer.
  • Después, tendrás que irla pasando, a modo de goma de borrar, por la hoja del cuchillo, con una presión media, suficiente para ir eliminar el óxido pero no tanto como para rayar la hoja, algo que puede ocurrir.
  • Conforme sea necesario, deberás volver a mojar la piedra y repetir el “borrado”.
  • Pasa un paño seco para ir retirardo el agua sucia con el óxido.

Remedios caseros

Si te encuentras en un apuro y necesitas eliminar esos desagradables trazos de oxidación, puedes probar con:

  • Una mezcla, hasta alcanzar la efervescencia, de limón y bicarbonato, dos elementos que siempre han trabajado muy bien contra la corrosión, antioxidantes y blanqueantes.
    1. Aplícala en la hoja.
    2. Deja reposar unos minutos.
    3. Pásale un papel de lija suave, de los que todos tenemos en la caja de herramientas.
    4. Limpia con un paño suave, seco.
  • Con jugo de limón y sal.
    1. Exprime un par de limones.
    2. Coloca el jugo en un recipiente en horizonral.
    3. Sumerge el cuchillo.
    4. Deja reposar unos minutos.
    5. Frota la hoja con sal gorda.
    6. Seca.

Dependiendo del estado del cuchillo es probable que, además, necesites afilarlo, pues piensa que, mucho o poco, has estado “limándolo”, por así decirlo, es decir, habrás eliminado parte de la hoja, por mínima que sea.