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¿Cómo afilar un cuchillo japonés?

Si hay un lugar en el mundo donde un cuchillo bien afilado sea importante ese es Japón. Su cultura gastronómica es riquísima, elaborada y de gran importancia para ellos, motivo por el cual hacen piezas de corte exquisitas y las mantienen siempre a punto. Uno de esos cuidados es, por supuesto, el afilado, algo que la mayoría pasamos por algo en nuestros hogares pero que no nos podemos permitir si nos hacemos con estos útiles. ¡Descubre cómo afilar un cuchillo japonés!

Afilar un cuchillo japonés: paso a paso

Vamos a ver, punto por punto, cómo conseguir que estas herramientas se mantengan afiladas como el primer día (consideramos los cuchillos tradicionales de un filo).

    1. Hazte con dos piedras de afilado especiales para cuchillos japoneses. Esta se llama piedra de agua japonesa. Fíjate en utilizar la adecuada, pues estas son diferentes unas de otras, estando numeradas y siendo más bastas cuanto más bajo es su número. Para un afilado general, escoge una de numeración media y otra alta para los retoques.
    2. Sumerge la piedra de menor numeración en agua y déjala ahí por unos 8-10 minutos. Verás que llega un momento en que deja de hacer burbujas; es entonces cuando debes sacarla.
    3. Pon la piedra sobre su soporte (si te has hecho con un modelo tradicional que lo incluya). De no ser el caso, simplemente trabajaremos sobre una superficie lisa horizontal.
    4. Coloca la piedra, con o sin soporte, sobre un trapo humedecido, el cual irá en la mesa, el suelo a la superficie en cuestión.
    5. Comienza apoyando sobre la piedra el lado del filo en primer lugar.
    6. Colócalo en un ángulo de 45 grados (apoyando el filo por completo).
    7. Haz un movimiento oscilante con el cuchillo, apoyando la punta y ejerciendo más presión y oscilando esa presión al centro y atrás una y otra vez.
    8. Repite hasta el el lado opuesto esté rugoso (eso significa que se ha ido moviendo la viruta del acero).
    9. Repite con el otro lado pero mucho menos tiempo, a razón de 1:10 pasadas.
    10. Repite todo el proceso con la piedra de mayor gradación para pulir el afilado al máximo, detalle a detalle, sin pasarte.
    11. Finalmente, habrá que mantener también a punto las piedras de afilar. Para ello, debes hacerte con una piedra de equilibrado, que son más duras y que lo que hacen es, en esencia, “comerse” las barrigas que se forman en la piedra de agua, la igualas.